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Vol. 26. Núm. 1.Enero - Febrero 2015Páginas 1-52
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Obituario
DOI: 10.1016/j.neucir.2014.11.009
Miguel Urigüen Saiz (1948-2014)
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D. Miguel Urigüen Saiz (Michel) nació en Alameda de Recalde, en Bilbao, el 20 de fFebrero de 1948.

Cursó sus estudios de Bachillerato en el Colegio Alemán de Bilbao y completó su formación en PREU en el Colegio La Salle de Bilbao.

Se licenció en Medicina por la Facultad de Zaragoza en 1972.

Durante la carrera realizó prácticas de Neurocirugía con el Dr. Redondo.

Realizó la especialidad de Neurocirugía en el período 1973-1975, en el Hospital Militar Gómez-Ulla, con el Dr. Julián Urbano.

Inauguró el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, donde trabajó con el Dr. Calatayud hasta 1977.

En 1977 se trasladó a la Residencia Sanitaria Enrique Sotomayor (actual Hospital Universitario Cruces), para formar parte del equipo del Dr. Jacas Ejarque.

Se doctoró en Medicina en Zaragoza, en 1992.

Fue profesor asociado de la Universidad del País Vasco UPV/EHU desde 1977; pasando posteriormente a ser profesor titular.

Desempeñó su actividad clínica hasta su jubilación, compaginando la actividad neuroquirúrgica en el sector público y privado.

Profesionalmente, dio continuidad a la Neurocirugía Pediátrica en el H. U. Cruces de la mano de los doctores Zorrilla y Aurrecoechea. Se especializó en Hannover con el grupo del Dr. Majid Samii en el tratamiento de los tumores de la base craneal y, muy específicamente, en el tratamiento quirúrgico de las lesiones del ángulo ponto-cerebeloso.

Supo disfrutar de la vida y entre sus aficiones destacó su gusto por el Románico y el noble arte de la pesca deportiva, junto con amplios conocimientos sobre el mus, imprescindibles para ser un neurocirujano de altura.

La enfermedad le apaleó; sin embargo, no pudo con su sonrisa inconfundible y su humanidad cercana.

De carácter amable, conciliador y lleno de sensatez, supo ganarse el respeto de su entorno profesional y se constituyó como un referente por su buen hacer.

Es de destacar su cercanía y amabilidad con los pacientes, sus familias, el resto de los profesionales y, por supuesto, con los estudiantes, a los que dedicó gran parte de su tiempo y esfuerzo.

Fue ante todo uno de los últimos caballeros, de los que ya no quedan, y en este aspecto, seguro que todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo, trabajar y aprender de él, coincidimos plenamente. Entre todos debemos difundir su formidable legado humanista.

Descanse en paz.

«Tus compañeros y amigos del Hospital Universitario Cruces, de la Sociedad Vasca de Neurocirugía y de la UPV-EHU».

Neurocirugía

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