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Vol. 24. Núm. 6.Noviembre - Diciembre 2013Páginas 237-284
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Artículo especial
DOI: 10.1016/j.neucir.2012.07.002
Historia de la neurocirugía española. La escuela de Valencia: J.J. Barcia Goyanes
The History of Spanish Neurosurgery: The Valencian School: J.J. Barcia Goyanes
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Carlos Barcia-Mariño, Ruben Rodríguez-Mena??
Autor para correspondencia
ruben.rod@gmail.com

Autor para correspondencia.
Servicio de Neurocirugía, Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, Valencia, España
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Tabla 1. Producción científica del profesor Barcia
Resumen

El Prof. Juan José Barcia-Goyanes inició la neurocirugía desde la anatomía y la neuropsiquiatría como respuesta a una necesidad de un servicio denominado: «Enfermedades nerviosas» en 1931 en el Hospital General de Valencia. Desde la primera intervención, con los métodos e instrumentos que ya se usaban en Europa y EE.UU., la actividad neuroquirúrgica fue el motor del servicio, donde nacieron las especialidades auxiliares: neurorradiología, neurofisiología, neuropatología y técnicas nuevas como la estereotaxia, la neurocirugía funcional y la palencefalografía. El servicio cumple este año su 80 aniversario. La producción bibliográfica del Prof. Barcia abarcó tanto las materias de neurología, neurocirugía y psiquiatría, como de antropología, pensamiento médico, historia de la medicina, morfología e historia del lenguaje anatómico en su obra de madurez: «Onomatologia anatomica nova», así como una interesante obra poética. Fue miembro fundador de la Sociedad Luso-española de Neurocirugía y de la Sociedad de Neurocirugía de Levante.

Palabras clave:
Historia de la neurocirugía
Hospital General de Valencia
Juan José Barcia-Goyanes
Neurocirugía española
Abstract

Professor Juan José Barcia-Goyanes started neurosurgical practice from anatomy and neuropsychiatry in response to a vacancy at a department known as “Nervous diseases”, in 1931 at Hospital General in Valencia, Spain. Since the first intervention, based on the methods and surgical instruments already used in Europe and the U.S.A., the neurosurgical practice became the mainstay of the department, from which other auxiliary specialties emerged, such as neuroradiology, neurophysiology, neuropathology and also new techniques such as stereotactic surgery, functional neurosurgery and palencephalography. This year, the department celebrates its 80th anniversary. The broad spectrum of Prof. Barcia's scientific work included fields like neurology, neurosurgery and psychiatry, as well as anthropology, medical thought, history of medicine, morphology and history of anatomical language in his work “Onomatologica anatomica nova”, in addition to an interesting poetic work. He was a founding member of the Luso-Spanish Neurosurgical Society and the Neurosurgical Society of Levante.

Keywords:
History of neurosurgery
Hospital General Valencia
Juan José Barcia-Goyanes
Spanish neurosurgery
Texto Completo
Introducción

En el XI Congreso de la Sociedad Española de Neurocirugía (SENEC) celebrado en Vigo en mayo de 2006, el Dr. Otero Vich, en un gesto que le honra, concitó a 3 personalidades de gran peso específico en la historia de la neurocirugía española: los Dres. Gonzalo Bravo, Lamas Crego y Adolfo Ley, ya jubilados, pero que aportaron un buen caudal de recuerdos, experiencias, anécdotas, aventuras y vicisitudes muy estimulantes para los que estuvimos allí, contemplando in vivo cómo se fueron forjando los cimientos de la neurocirugía española y las influencias que esta fue recibiendo a lo largo de los tiempos y de las personas.

Como dice Laín Entralgo en su Historia clínica (1950)1 «el estudio de la historia de la medicina y sus personajes puede tener tres objetivos: 1) Incrementar nuestro saber con algo que ya se había olvidado. 2) Incitar nuestra propia investigación. Incitación y estímulo, para emular y proseguir los trabajos y logros que otros iniciaron. 3) Poner ante los ojos del investigador el sistema de las actitudes intelectuales anteriormente ensayadas.»

En el presente trabajo he querido yo también unirme a esta noble iniciativa, si bien mi tarea será similar a la que entonces hizo del Dr. A. Ley Valle, que tributó a su padre, el Dr. A. Ley Gracia un sentido homenaje a través de la exposición de su extensa y precoz obra de adelantado de la neurocirugía.

En este caso, como sobrino y discípulo del Prof. Barcia Goyanes, no puedo esconder que en este breve compendio hay un poco de todo, pero más que nada un impulso afectivo incontenible de dar a conocer a un gran personaje que, casi de puntillas, vino a ser un iniciador de la neurocirugía española en el tiempo, que muchas generaciones desconocen y, por qué no decirlo, que algunos intentan ignorar.

Solicito, por ello, cierta indulgencia cuando juzguéis lo que, de mi parte, pueda haber de excesivo.

Datos biográficos del Prof. J.J. Barcia Goyanes

Juan José Barcia Goyanes nació en Santiago de Compostela en el año 1901. Se licenció en Medicina y Cirugía en 1921, obteniendo el premio Rodríguez Abaytúa al mejor expediente académico de medicina de España. Alumno interno de anatomía y más tarde colaborador del Prof. Rodríguez Cadarso. Doctorado por la Universidad de Madrid en 1925, con la tesis «Las variedades atávicas y las detenciones del desarrollo en el maxilar superior de los locos», estudiando una colección de cráneos del Sanatorio Psiquiátrico de Conjo, donde aprendió psiquiatría con su abuelo J. Barcia Caballero, que ya le había iniciado en anatomía al comienzo de su carrera. Catedrático de Anatomía en diciembre de 1925, inicia su actividad en Salamanca hasta 1929, luego en Valencia: 1929-1971. En 1931 gana por oposición la plaza de médico numerario (sección sistema nervioso) del Hospital Provincial de Valencia (posteriormente jefe de servicio). Durante estos años cultiva además la psiquiatría. En el mismo 1931 inicia la actividad neuroquirúrgica en dicho centro. Durante la Guerra Civil (1936) fue presidente de la Diputación de La Coruña y médico cirujano del Hospital Labaca donde siguió realizando intervenciones neuroquirúrgicas en los heridos de guerra.

Fue consejero del Patronato Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y jefe de la sección de neurología del mismo, que incorporó al servicio en 1946. Impartió la docencia de Neurología en la facultad de Medicina anexa al Hospital Provincial hasta 1966. Inauguró el nuevo Hospital Clínico en dicho año. Después decano de la facultad de Medicina de Valencia desde 1945 a 1964 y rector de dicha universidad desde 1964 hasta 1971. Teniente alcalde de Valencia. Hijo adoptivo de Valencia. Presidente de la Sociedad Española de Neurología y de Anatomía. Académico de honor de la Real Academia de Medicina de Valencia, Barcelona, Zaragoza y Galicia. Miembro de Honor de las sociedades de neurocirugía inglesa, escandinava, francesa e italiana; de las sociedades españolas de Electroencefalografía, Anestesiología, Odontoestomatología e Historia de la Medicina (fig. 1).

Figura 1.
(0,06MB).

El Prof. J.J. Barcia a los 80 años.

Influencias genéticas y familiares

Como en muchos otros casos de la historia de las artes, profesiones y oficios, el Prof. Barcia no fue un caso aislado, un personaje esporádico en el seno de una familia ajena por completo al mundo médico. Muy al contrario, como en el caso de los Bach, los Barraquer, los Kennedy, etc., la familia de Barcia-Goyanes cuenta con la más larga tradición de médicos, citada en el Guinness con la particularidad de que desde 1792, durante 7 generaciones, el primogénito de la familia se ha llamado Juan y se ha dedicado a la medicina y casi siempre en las facetas de anatomía, psiquiatría y neurología, además de una notable vena poética. A Barcia-Goyanes le corresponde el la quinta generación.

En la figura 2 se esquematiza el árbol médico-genealógico del Prof. Barcia, en su línea directa, donde aparecen sus 2 hijos, Juan Luis, que fue neurocirujano y el primer catedrático español de la especialidad en Valencia en 1972, y Demetrio, psiquiatra, que ganaría la cátedra de Psiquiatría trasladándose a Murcia con un buen grupo de discípulos, muchos de ellos compañeros míos. Su nieto, Juan Antonio, está dirigiendo actualmente el servicio de Neurocirugía del Hospital Clínico de Madrid, y yo, su sobrino y ahijado, fui el destinado por las circunstancias para proseguir su obra en el Hospital Provincial (hoy Hospital General Universitario) de Valencia. Un primo hermano del Prof. Barcia, Santiago Barcia Pujol, escogió la Traumatología como especialidad después de muchos años de colaboración con el servicio operando hernias discales y otras alteraciones de columna. En las ramas colaterales cabe destacar el entronque con otra gran familia de médicos cirujanos, los Goyanes.

Figura 2.
(0,31MB).

Influencias genético-ambientales y árbol genealógico de los Barcia médicos.

Así pues, si existe algún gen que propicie o influya en la profesión de médico, se podría encontrar, sin duda, en esta familia. Las condiciones ambientales y culturales de esta singular saga hicieron el resto.

Influencias en el período de licenciatura

Como se ha dicho anteriormente, la influencia familiar en la vocación y desarrollo de la misma en J.J. Barcia-Goyanes fue casi decisiva. Curiosamente fue mayor la influencia de su abuelo J. Barcia Caballero que la de su padre J. Barcia Eleicegui. El primero le enseñó anatomía y disección, que estudiaría en el Testut familiar; además, le inició en la psiquiatría, en el Sanatorio Psiquiátrico de Conjo, del que fue médico a su muerte. Más tarde seguiría estudiando anatomía como alumno interno del Prof. A. Rodríguez Cadarso, con el que se quedaría de colaborador durante la carrera, iniciando, bajo su dirección, la traducción del, por entonces, novedoso Handbuch der Anatomie de H. Braus2, una de las primeras obras de la incipiente anatomía funcional, y que luego utilizaría en las oposiciones y las posteriores clases de cátedra.

En la asignatura de Fisiología tuvo la fortuna de tener como profesor al Prof. Paul Hoffman, emigrado de Alemania a causa de la terrible crisis que sufrió tras la Primera Guerra Mundial. Hoffmann, conocido por el reflejo que lleva su nombre, dictó un interesante curso práctico de Fisiología.

En Anatomía Patológica tuvo como profesor a su tío Vicente Goyanes, también profesor de Anatomía, y al que le tradujo un trabajo alemán de Anatomía Patológica.

Otro notable maestro que tuvo en la carrera fue D. Roberto Nóvoa Santos, catedrático de Medicina General y al que no voy a descubrir ahora, y que según afirma mi propio tío, influyó no poco en su decisión de dedicarse al estudio del sistema nervioso.

La formación quirúrgica la inició con el catedrático D. Luis Blanco Rivero, quien, al parecer, llegó a realizar, entre otras notables intervenciones, la extirpación del ganglio de Gasser en la neuralgia de trigémino. No obstante, la práctica quirúrgica la maduró en los 3 años que estuvo de ayudante del Dr. D. Angel Baltar Cortés, excelente cirujano, jefe de un sanatorio quirúrgico, el más prestigioso de Galicia, con 30 camas.

Influencias posgrado. La cátedra de Anatomía

Acabado el período de licenciatura, el Dr. Barcia-Goyanes se presentó a oposiciones para la cátedra de Anatomía de Salamanca. Tras 2 intentos, el 22 de diciembre obtuvo la plaza, 4 días antes de cumplir los 25 años. Tomó posesión el 4 de marzo de 1927. El posterior traslado de cátedra a Valencia en mayo de 1928 fue algo más que anecdótico; influyó en ello el conocimiento de 2 personajes diferentes, el Prof. F. Rodríguez Fornos, catedrático de Medicina Clínica en Valencia, y el Prof. F. Alcayde Vilar, catedrático de Lógica, asimismo en la ciudad del Turia. El frío de la ciudad salmantina sirvió de catalizador, ya que mi tío era, no ya un friolero, sino un hipotérmico, cuya temperatura basal no llegaba a 36°C. La ocasión llegó al trabar conocimiento con el Prof. D. Pedro Ara, catedrático de Anatomía, que adquirió fama por haber naturalizado los cadáveres de Eva Perón y Lenin, entre otras celebridades, y que estaba excedente de la facultad de Medicina de Valencia ya que tenía un contrato con la Universidad de Rosario en Argentina. En 1928, al terminarse su excedencia, tenía que escoger entre Valencia o Argentina; optó por lo segundo, pese a la oferta de mi tío de canjearla por la de Salamanca, quedando entonces Valencia vacante.

También en Salamanca inició su consulta de psiquiatría, de orientación psicodinámica, y fue también encargado de explicar esta asignatura. De aquella época es, entre otros, su trabajo «Causalidad y teleología en la psicoterapia»3.

En julio de 1931 fue becado por la Junta para la Ampliación de Estudios para visitar a diversos especialistas mundiales, sobre todo para conocer de cerca sus estudios experimentales. Así, el primero de ellos fue C.U. Ariens-Kappers, de Amberes, al que admiraba por sus trabajos en anatomía comparada del sistema nervioso; a continuación fue a Utrecht con objeto de conocer a Cornelius Winkler, gran neurólogo de la época. Tras una breve estancia con Van Gehuchten en Lovaina pasó a Berlín donde, a la sazón, se encontraba el Prof. D. Antonio Llombart, que estaba preparándose para las cátedras de Histología. Gracias a él pudo orientarse en la ciudad rápidamente y visitar a los esposos O. Vogt y C. Vogt, del Kaiser-Wilhelm Institut, cuya obra como genetistas ya conocía de antemano. Siguió su periplo hacia Múnich, donde el Prof. Rüdin le puso al tanto de sus estudios sobre la génesis de las enfermedades mentales. De Múnich pasó a Praga donde visitó las universidades alemana y checa, interesándose por los trabajos de Purkinje, el gran neuroanatomista, a cuyo nombre estaban dedicadas tanto la facultad como el anfiteatro4.

El 8 de diciembre de 1927 se casó con D.ª M. de la Encina Salorio Suárez. Tuvieron 2 hijos, citados en este trabajo, y 2 hijas. Al año siguiente, 1928, publicó su obra La vida, el sexo y la herencia5, considerado por el catedrático de Historia de la Medicina Prof. López-Piñero como un «hito fundamental en la morfología del siglo xx»6.

La neurocirugía

A su llegada a Valencia tuvo la ocasión de presentarse a las oposiciones que convocó la Diputación Provincial para plazas de jefes de sala del hospital provincial, entre las que estaba la de enfermedades nerviosas, cuyo titular anterior, ya jubilado, D. Germán Boned, no parece que hubiera prestigiado mucho, por lo que en principio no parecía muy atrayente, máxime porque en las salas (Sta. Balbina y Sta. Ana, de 22 camas cada una) se acumulaban ancianos achacosos, paralíticos, pacientes crónicos y terminales. Sin embargo, tenía la aureola de haberse construido en el solar del antiguo manicomio, el primero de Europa, auspiciado por el mercedario Fray Gilabert Jofré en el siglo xv, inmortalizado en el hermoso cuadro de Sorolla que se conserva en la Diputación de Valencia. Coincidió en esta oposición con el Dr. J.J. López Ibor, personaje que se decantaría por la psiquiatría, donde adquirió gran prestigio, y otro aspirante, el Dr. Climent del cuerpo de la Beneficencia Provincial.

Anexo a las salas, de hombres y mujeres respectivamente, se construyó un dispensario que se denominó desde entonces consulta de neuropsiquiatría. Después de convencer al entorno hospitalario de que el servicio no era un gerontológico, propuso que los acianos y los inválidos deberían repartirse equitativamente entre las demás salas.

La actividad del servicio, que por entonces no contaba más que con la asistencia de médicos voluntarios, hermanas de la caridad y un médico de guardia, era atender a pacientes afectados de enfermedades neurodegenerativas, tabes, parálisis general, Sodoku o enfermedad por mordedura de rata, etc. Los métodos terapéuticos eran escasos y se utilizaba la impaludización o método de Wagner von Jauregg.

Entre los pacientes empezaron a presentarse casos en los que era precisa una intervención quirúrgica: tumores cerebrales, hematomas agudos y crónicos, epilepsias, etc. El único cirujano de la ciudad que tenía alguna práctica en cirugía craneal era D. José-Tomás López-Trigo, cubano de nacimiento, quien como traumatólogo y, por cierto, creador del primer servicio con este nombre, había practicado bastantes craniectomías en casos de traumatismos craneoencefálicos. Poseía, al efecto, el trépano ideado por De Martel, perfeccionamiento del viejo instrumento, conocido ya por los griegos, y que, además de un motor eléctrico que ahorraba el esfuerzo de manejarlo a mano, tenía un tope automático que evitaba la penetración en la cavidad craneal.

Cito palabras de Barcia-Goyanes: «A López-Trigo acudí en busca de alguien que me resolviera los problemas que aquellos enfermos me planteaban. Y él se prestó amablemente a colaborar conmigo, y a que yo le ayudase en sus intervenciones, cosa que podía realizar perfectamente dada mi formación quirúrgica. La técnica que él usaba era bastante primitiva, empezando por el uso de suturas previas, en círculo, de la piel de la cabeza para disminuir la hemorragia del cuero cabelludo. Pero, lo peor del caso es que, si bien estaba habituado a abrir la calota, no lo estaba a penetrar por dentro de la duramadre, salvo la realización de alguna incisión para dar salida a un hematoma subdural. Por ello, en casos de tumor cerebral habíamos de contentarnos con dejar una descompresión, que apenas aliviaba temporalmente al paciente, pero que lo condenaba a una muerte irremediable. Así, al cabo de algunas intervenciones decepcionantes, me animé a realizarlas yo mismo previa lectura de cuantas técnicas existían por entonces, entre las cuales recuerdo la de Puusepp, el cirujano estonio que fue quien introdujo en Europa los procederes de Cushing»4.

Y es así como en noviembre de 1931 realizó su primera intervención, un caso de «Epilepsia traumática con largo período de latencia», caso que publicó en Crónica Medica en 19327, y que presentó como comunicación en la Sección de Neuropsiquiatría del Instituto Médico Valenciano el día 1 de diciembre de 1931.

He aquí descrita por él mismo la crónica interna de su primera operación: «Aquella intervención del 22 de noviembre hubo de realizarse por un neurocirujano improvisado y autodidacta, con la ayuda de un gastroenterólogo para el diagnóstico y de un ginecólogo como primer ayudante. Una anestesia por éter, gota a gota, un aspirador portátil que se rebelaba cada diez minutos, calentándose y exigiendo descanso; un bisturí eléctrico, más hecho para cortar que para hemostasiar al hacerlo; una imposibilidad para transfundir sangre, que no se pudo realizar de rutina hasta seis años más tarde, durante nuestra guerra. Y, en el postoperatorio, la inexistencia de antibióticos y sulfamidas, el frío glacial de las salas y la ausencia de asistencia técnica, que la familia o la visita esporádica de una Hermana debían suplir, ponían a prueba la resistencia del enfermo»4.

Después de aquella fue realizando otras; la segunda, de la que guardo la historia original, fue un tumor frontal. En conmemoración de la primera existe una placa que encargamos el Dr. Espin y yo, y que preside el quirófano de Neurocirugía del hospital, que él mismo descubrió con ocasión de las bodas de oro del servicio (1931-1981) y el homenaje que le tributamos (fig. 3).

Figura 3.
(0,11MB).

La primera intervención. Placa conmemorativa en el quirófano de neurocirugía.

En 1933 presentó el caso en París, en el Congreso de la Sociedad de Neurología Francesa, presidido nada menos que por Pierre Marie en 1933. Aprovechando ese viaje visitó las clínicas de los Profs. De Martel y Clovis Vincent, famosos neurocirujanos del momento, para mejorar aspectos técnicos. De ese mismo año son las publicaciones «Tratamiento de la Neuralgia del Trigémino» (Crónica Médica, 1933) y «Compresión medular por neurinoma» (Revista de Cirugía de Barcelona, 1933), además de otras publicaciones de temas neurológicos.

Tres grandes obstáculos hubo de salvar en el entorno hospitalario añadidos a la dificultad de la naciente Neurocirugía: convencer al claustro del hospital de que su servicio era también quirúrgico y, por lo tanto, necesitaba quirófanos y alguna habitación de aislamiento; reclamar para sí los traumatizados craneoencefálicos, que constituían por entonces una no desdeñable fuente de ingresos extra, y en tercer lugar la renuencia de los familiares de los pacientes que morían en el hospital a que se les practicara la autopsia, método insustituible para progresar en el quehacer quirúrgico4. Llegó a crear un cerebroteca de más de un centenar de piezas, que desgraciadamente se han perdido, por pura desidia.

El inicio de la neurocirugía estuvo acompañado del comienzo de las primeras pruebas neurorradiológicas, fundamentalmente la ventriculografía, ideada por Dandy en 1918, que al principio se realizaba preoperatoriamente y luego un día antes de la intervención. Ideó algunas variantes en la técnica: un dispositivo de corcho para evitar los desplazamientos de la aguja y la utilización de la vía parietal de acceso al confluente ventricular. (Publicado en Medicina Española en abril de 1940)8. La angiografía se hacía con una solución de yoduro sódico y al principio a cielo abierto (fig. 4).

Figura 4.
(0,11MB).

Fragmento de la historia clínica número 539 donde se refiere la práctica de una angiografía y una ventriculografía con letra del propio Prof. Barcia.

El estallido de la guerra civil le sorprendió en Santander, junto con D. Pedro Laín Entralgo, en unos cursos del Colegio Cántabro y una visita a la Casa de Salud de Valdecilla. Ambos tuvieron que escapar en un buque alemán a sus respectivos destinos (véase Descargo de conciencia de Pedro Laín [1976] y La Saga de los Barcia [2003])4.

A su llegada a la Coruña, entre otros avatares, fue destinado como médico militar al Hospital Labaca, para heridos de guerra, donde pudo realizar diversas intervenciones neuroquirúrgicas y adquirir experiencia, sobre todo en la cirugía de los traumatismos de los nervios, como le ocurriría más tarde a H.J. Seddon en la Segunda Guerra Mundial.

A su vuelta el Servicio reemprendió sus actividades, dentro de las dificultades propias de la posguerra, sobre todo para obtener el material quirúrgico, sometido a estricto control aduanero y a la disposición de divisas. Esta carencia aguzó el ingenio y así el Dr. Montoro, analista y encargado de las transfusiones, consiguió elaborar él mismo una espuma de fibrina como hemostático, cuya experiencia se publicó en la revista española de Oto-Neuro Oftalmología y Neurocirugía (1949, número 41, en colaboración con el Dr. J. Espín).

Los colaboradores del servicio aumentaron, sin embargo, en número, y aunque a menudo con escasas retribuciones, contribuyeron a desarrollar de forma definitiva el que ya sería servicio de Neurocirugía, motor de las demás actividades. Al Dr. García-Guijarro, gastroenterólogo, pero colaborador del servicio desde las «primeras horas» se unieron otros muchos. Siempre hubo algún oftalmólogo, ya fuera por el interés de formarse en neurooftalmología o por el mero afán de ampliar su campo e investigar; así, el Dr. Moreu González-Pola, que sería después catedrático en Santiago, el Dr. Rubio Camarasa, Dr. Selfa y, ya más tarde, los Dres. J. González-Tomás, que sería jefe del servicio de Oftalmología de la Seguridad Social, y D. Pita Salorio, que ganó la cátedra de Oftalmología de Barcelona. Otólogos como Luis García Ibáñez, introductor de la otología microscópica en España, y José Gisbert Alós, adelantado de la Logopedia en nuestro país.

Entre los colaboradores del servicio: Vicente Vento Ruiz, se inició en la anestesia, que fue a perfeccionarse a Barcelona en las técnicas anestésicas, convirtiéndose en uno de los primeros neuroanestesistas de España. Siempre colaboró con el servicio, máxime en los años 1970, en que se creó y quedó a su cargo el servicio de anestesia y la unidad de reanimación, casi siempre copada por pacientes neuroquirúrgicos.

La electroencefalografía también nació en el servicio en la posguerra: Juan José Gómez García, uno de los primeros alumnos internos del servicio, se dedicó a esta tarea, inicialmente con un modesto aparato monocanal Garceau-Junior, donado al Museo de Medicina de la Facultad, dando después amplia resonancia a esta incipiente especialidad, a la que con el tiempo se sumarían otros especialistas, como los Dres. Leopoldo López Gómez, J. Sancho Rieger y F. J. López-Trigo, que con el impulso del Dr. Espín, otro de los primeros y brazo derecho del Prof. Barcia, daría progresión a la sección de Neurofisiología.

Con la ayuda del CSIC (sección de Neurología del Instituto Cajal) cuyo jefe era el Prof. Barcia, se amplió el personal del servicio dando lugar a que el Dr. Wenceslao Calvo Garra iniciase con la inestimable ayuda de las laborantes Srtas. V. Broch y C. Vicent la neuropatología en el servicio donde llegó a obtener una gran experiencia, sobre todo en la biopsia «a pie de quirófano» y a alcanzar un merecido prestigio que le valió ser contratado mas adelante por la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) en Canadá y Alemania. Su monografía «Los tumores encefalomedulares», publicada en 1954 por Archivos de Morfología9, refleja su experiencia a lo largo de muchos años en el servicio.

Al frente del laboratorio estaba la Dra. D.ª Teresa Bataller Salleé, que convirtió el rutinario laboratorio en un auténtico centro de investigación clínica. La neurorradiología se realizaba en el antequirófano bajo la supervisión del Dr. J. Celma Hernández.

En la revista Anales de Neurología, en una edición de 194710, se puede ver la siguiente estadística: entre 1940 y 1946 se efectuaron 499 operaciones, 210 de tumor cerebral; 30 de epilepsia sintomática; 91 neurotomías retrogasserianas; 61 laminectomías; 9 abscesos cerebrales; 19 de nervios periféricos, y 79 de otras afecciones (hidrocefalia, meningocele, aracnoiditis, etc.), con una mortalidad global de 54 (10,9%).

En esta misma revista se cita al staff:

  • Director: Prof. J. J. Barcia-Goyanes; Jefe de Clínica: Dr. F. García-Guijarro; Ayudante: Dr. C. Recio Amat; Jefe del Laboratorio: Dra. Bataller Sallée; Becarios: Dres. M. Bordes-Valls; J. G. Sancho-Ripoll; W. Calvo-Garra. Practicantes: A. López Fita; R. Martínez Ruiz; C. Sanmartín; Preparadoras: Señoritas V. Broch y C. Vicent; Mecanógrafa: Señorita I. Novella; Alumnos Internos: J. Abad Regolf; J. Almela Escuriola; S. Barcia Pujol; V. Castañer Garrigues; J. Espín Herrero; M. Forcada Más; J. Gisbert Alós; A. Gómez Agüera; J. J. Gómez García; F. Ivars Moreno; M. Longás Izquierdo; V. López Rosat; A. Llorens García; E. Olmeda Sevilla, J. Ortells Abad; L. Pablo Safont; J. Plasencia Llopis; J. Roselló Sastre; A. Sánchez Cervera; M. Soler Gimeno; M. Soriano Edo; I. Zunzunegui Freire (fig. 5).

    Figura 5.
    (0,11MB).

    Fotografía de los miembros del servicio en 1947: arriba (de izquierda a derecha): Sr. A. López Fita, Dr. Abad Regolf, Dr. V. Vento Ruiz, Dr. P. Malabia, Dr. J. Espín Herrero, Dr. J.J. Gómez García, Dr. W. Calvo Garra y Sr. Martínez. Abajo: de izquierda a derecha: Sr. C. Sanmartín, Dr. J.G. Sancho Ripoll, Dra. Teresa Bataller, Prof. J.J. Barcia Goyanes, Dr. V. Bordes Valls.

  • Hermanas de la Caridad: Sor Concepción Ayet Lahoz; Sor Nuria Barceló Camps; Sor Ángeles Franquers Roca.

  • Enfermeros: Dolores Cortell Cháfer, Josefa Hidalgo García, Guadalupe Dualde López, Andrés Sánchiz Maroto.

Muchos de ellos obtendrían diversas plazas de neuropsiquiatría, anatomía o en otras especialidades.

Poco después, en la que podríamos llamar segunda etapa o generación del servicio, que cabe situarla en 1956, cuando se le da al servicio categoría de Servicio Regional de Neurocirugía de la Seguridad Social, ocupando 90 camas, se integrarían los Dres. P. Malabia, Max Villena, J.L. Barcia Salorio, J. Sempere Leonarte, E. Amat Aguirre y D. Barcia Salorio que se formaron en todas las parcelas de las que se componía el servicio para acabar siendo neuropsiquiatras, como se denominaban entonces las plazas de la Seguridad Social o psiquiatras, con una formación integral en las enfermedades del sistema nervioso. El Dr. J.L. Barcia-Salorio sería, tras su formación en el extranjero (Suecia, Alemania) el que daría impulso a la neurorradiología, a la naciente neurocirugía estereotáxica, diseñando sus propio modelos de guía estereotáxica e iniciando la «microcirugía» (o cirugía con microscopio), así como, más tarde, la radiocirugía4.

El servicio ha cumplido en el año 2011 exactamente su 80 aniversario.

Las revistas

El Prof. Barcia fue miembro del Consejo de Redacción de la revista Crónica Médica, dirigida por el Dr. D. Juan Peset y, además, asiduo colaborador, ya que la mayoría de sus trabajos iniciales de neurología y neurocirugía vieron la luz en dicha revista, que ya iba, en el año 1932 por su año xxxvi, número 778. Era una excelente revista con un índice bibliográfico nacional y un apéndice farmacológico.

En el año 1938, con España aún dividida, las publicaciones médicas existentes en la España Nacional se reducían a una, que se publicaba en Granada, desaparecida la ya citada Crónica Médica. Fue en esta época cuando un editor, José M. de Barbáchano, le propuso la creación de una revista de medicina a imagen de una revista técnica que este promotor poseía llamada Metalurgia y Electricidad y que prácticamente se autofinanciaba con los anuncios que contrataba. El primer número salió en noviembre de 1938 con el nombre de Medicina Española en La Coruña. Como secretario de redacción figuraba Luis Couceiro, compañero y amigo del Prof. Barcia, especialista en Aparato Digestivo, que lo fue hasta el otoño de 1939, mientras la revista se publicó en La Coruña. El consejo de redacción lo formaban: Carlos Giménez Díaz, José Goyanes Capdevila, J. Puig Sureda, Fernando Enríquez de Salamanca, Casimiro Población, Leonardo de La Peña, Antonio García Tapia, Emilio Díaz Caneja y E. Larrú. Como redactores: Álvarez González, López Sendón, Pedro Pena Pérez y Pérez Argilés de Santiago. F. Beato, Leopoldo Calvo, Rafael Fernández Obanza y Carlos Colmeiro, de La Coruña. Juan Bosch Marín, Francisco García-Guijarro, Pedro Laín Entralgo y Juan José López Ibor, de Valencia. Lamelas, Usandizaga, García Miranda y Sánchez Lucas de Santander. Vara López, de Burgos. Antonio Llombart, de San Sebastián, y Gil y Gil de Madrid.

Medicina Española tenía 126 páginas, con sección bibliográfica con referatas de revistas y libros, siguió publicándose sin interrupción hasta 1985, es decir, 47 años, alcanzando el número 495. Fue adquirida en propiedad conjunta por el Prof. Barcia y la Fundación García-Muñoz de Valencia en 1939 bajo el nombre de la editorial Saber, que cambió al pasar la propiedad al Prof. Barcia con los Dres. García Brustenga, Antonio Clavero y al Sr. Aspas Paricio. a editorial Facta. El Dr J. Espín fue muchos años subdirector de la revista y contribuyó, tanto en esta como en la Revista Española de Oto-Neuro-Oftalmología y Neurocirugía a su supervivencia aportando muchas recensiones y puestas al día en cada número.

La Revista Española de Oto-Neuro-Oftalmología y Neurocirugía fue fundada por el Prof. Barcia en 1944 para dar cauce a las cada vez más numerosas publicaciones de neurología y neurocirugía. La elección de tal nombre fue debida a 2 circunstancias:

  • De una parte, la resistencia del entonces director general de Prensa y Propaganda a admitir más de una revista de la misma especialidad: existía entonces, aunque de momento había suspendido su publicación, que luego reanudó, la fundada por Ortega y Gasset, Lafora, Sacristán y otros: Archivos de Neurobiología con sede en Madrid y por ello no se concedía permiso para otra revista de neurología pura que era la intención de dicha publicación, con el añadido de la neurocirugía.

  • Por otra parte existía en aquellos años un movimiento hacia la coordinación de las 3 especialidades descritas, movimiento que en España auspiciaba Antonio Subirana de Barcelona.

Así en el primer número Subirana mismo publicó un artículo en el que hacía historia del movimiento antes aludido y el estado actual de la coordinación. El tiempo demostró que esta era solo aparente y, en realidad, salvo las puntuales «Notas breves» de Oftalmología del Prof. D. Marcelo Carreras, catedrático de Oftalmología en Valencia en los años 1960, pocos fueron los trabajos neurootológicos y neurooftalmológicos que se publicaron en ella, porque los oftalmólogos, sobre todo, publicaban en la revista que editaba su sociedad. Quedaron pues, para la nuestra los trabajos de neurología y neurocirugía, sobre todo estos últimos, que se mantuvieron en número suficiente para la necesidades de la publicación. Una buena parte de la historia y evolución de la neurocirugía en España está escrita en esta revista, que acabó cuando desapareció la tutela de su creador pese a que sus sucesores hicimos lo que pudimos hasta en año 1979-1980. El nombre de oto-neuro-oftalmología fue, al final, una rémora para que fuese adoptada como órgano oficial de la Sociedad Luso-Española de Neurocirugía (SLEN), pese a que las ponencias y comunicaciones de la sociedad se publicaban en ella en forma de suplemento con el sobrenombre de Neurocirugía Luso-Española y se había nombrado como director de ésta al Dr. S. Obrador, como secretario al Dr. Ortiz Gonzalez, en el comité de redacción estaban, junto al Dr. J.L. Barcia-Salorio, los Dres. F. Isamat, E. Lamas, Amaral Gomes y Sanchez Juan.

En 1941 comenzó a publicar otra revista: Archivo español de Morfología, de la cual era propietario el CSIC y que aparecía como órgano de la Sección de Neurología del Patronato Ramón y Cajal, de la cual era jefe. En realidad su presumible contenido cuadraba mejor en una sección o instituto de morfología. La revista llegó a alcanzar un gran prestigio en toda la península, después de veintitantos años dejó de publicarse, como siempre por falta de presupuesto.

Aún en 1947 comenzó otra publicación, Anales del Servicio de Neurología10, dedicada a las actividades del propio servicio. Gracias a su primer número puedo referir de primera mano muchas de las cosas de este artículo. El Dr. Espín quiso darle continuidad más adelante, en lo que se constituyeron los anales del servicio, pero no pasaron de unos resúmenes de la actividad del mismo, aunque tienen un inapreciable valor histórico (fig. 6).

Figura 6.
(0,12MB).

Las revistas que editó el Prof. Barcia.

Publicaciones

No vamos a tratar aquí sino algunos de los trabajos que publicó el Prof. Barcia, bien por su relación con la Neurocirugía o por su especial relevancia. Lo que sí que hemos hecho es un esquema (tabla 1) de casi toda su obra escrita que deja ver las diversas facetas médicas y no médicas que cultivó.

Tabla 1.

Producción científica del profesor Barcia

Años  1924  1930  1935  1940  1945  1950  1955  1960  1965  1970  1975  1980  1985  1990  1995  2000-03  Total 
Poesía 
Historia  18  52 
Antropología  19 
Neurocirugía  39 
Neurología  26 
Anatomía  16  37 
Psiquiatría  11 
Total  21  17  12  12  11  11  15  21  12  13  12  191 

No fue el Prof. Barcia un prolífico escritor, y así lo reconocía en algunas ocasiones. Esto fue, indudablemente, a causa del intensivo pluriempleo y cargos que detentó a lo largo de su vida. Una parte no pequeña de su producción científica y humanística se encuentra repartida entre los numerosos discursos, conferencias, contestaciones a discursos de las Reales Academias, pero, de momento, la recogida de estos magistrales opúsculos que preparaba con gran interés y dedicación no serán objeto de este ensayo.

La gran obra de Barcia Goyanes fue, sin duda, la que se reservó para ocupar los años que el llamó nestóreos y que vio culminada, aunque la edición informática esté aún en proceso: la Onomatología Anatomica Nova. Historia del lenguaje anatómico, obra en 10 tomos (secretariado de publicaciones de la Universidad de Valencia. Valencia, 1978-1992). En ella realizó un exhaustivo estudio histórico-lingüístico del lenguaje anatómico, obra que no se había replanteado desde hacía un siglo, desde la aportación del vienés Joseph Hyrtl11 a quien va dedicada simbólicamente la obra.

En cuanto a la obra neuroquirúrgica cabe destacar junto a los ya citados trabajos primerizos de Crónica Médica en 1931, un libro titulado Tumores cerebrales publicado en 194212, donde se describían de forma didáctica los conocimientos clínico-quirúrgicos del momento sobre esta parcela, que con el tiempo se habría de convertir en uno de los grandes temas de la neurocirugía. Su difusión no pudo ser muy amplia ya que por entonces pocos eran los interesados en esta materia tan novedosa que aún era negada por algunos catedráticos de medicina. De su cuantiosa experiencia y casuística nos aprovechamos muchos de sus discípulos; así, D. Barcia-Salorio y E. Amat publicaron una extensa y novedosa monografía sobre «Las Aracnoiditis»13; J.L. Barcia-Salorio y J. Cabanes publicaron la casuística del servicio de «Tumores intraventriculares»14; W. Calvo y J.L. Barcia-Salorio hicieron estudios estadísticos acerca de los datos benignidad/malignidad de los tumores encefalomedulares15; en mi caso tuve la ocasión de publicar con él un trabajo sobre «Mareo y vértigo»16 basado en la cuantiosa casuística de su clínica privada, así como un trabajo acerca de la semiología del EEG en los tumores cerebrales17. Podrá decirse que, en muchos de aquellos trabajos hubiera sido delicadeza citarlo al menos, como se hace ahora, en último lugar, o bien podría haber exigido su firma como hicieron otros jefes de servicio. Pero él jamás lo hizo así.

La palencefalografía fue un método que se puso en marcha en el servicio siguiendo una idea de W. Calvo, a la que J.L. Barcia-Salorio daría su soporte técnico y fundamento físico-matemático. El nombre de la técnica fue propuesto por J.J. Barcia Goyanes de la raíz griega «pallein» (agitar, vibración), rebautizada en Marsella por el Prof. Fischgold como «L’auscultation cérèbrale». Esta técnica dio lugar a muchos trabajos, y prometía ser un buen método de estudio de la circulación cerebral, pero fue superado en su camino por las nuevas técnicas de imagen y medición (Doppler, SPECT, PET, etc.)18.

Las Sociedades

Ya se han mencionado algunas de las muchas sociedades a que perteneció el Prof. Barcia Goyanes. En este artículo solo vamos a ocuparnos de las sociedades en las que intervino directamente como cofundador: la SLEN de Neurocirugía y la Sociedad de Neurocirugía de Levante.

En abril de 1947 se celebró en Lisboa el Congreso de la British Society of Neurological Surgeons, y a él asistieron, entre otros muchos cirujanos del mundo entero, Pedro Almeida Lima, Antonio de Vasconcellos Marques, Adolfo Ley Gracia y Sixto Obrador Alcalde. Un cambio de impresiones les llevó a plantearse la conveniencia de crear una sociedad que agrupase a los neurocirujanos de las 2 naciones peninsulares. En una carta de Almeida Lima comunicó al Prof. Barcia esta idea, y en una de sus cartas en las que aceptaba su invitación, decía así: «Meu caro Professor Barcia Goyanes: Foi com muito prazer que recebí a sua tao amável carta. A sua concordância com o proyecto de Sociedade de Neurocirurgia assegura o éxito dessa ideia que nasceu da troca de impressoes entre mim, Ley e Obrador e do desejo de encontrar un um pretexto de nos voltarmos a reunir com os restantes colegas hespanhois que se interessam pelos problemas da neurocirurgia e dos neuro-cirurgioes». Pocos días después –refiere Barcia-Goyanes– apareció una circular dirigida a un cierto número de colegas interesados por el tema. La misma iba firmada por Almeida Lima, Marques, Obrador y yo. No pasó mucho tiempo sin que Eduardo Tolosa me enviase una copia de la carta que con fecha de 4 de junio había enviado a Obrador, lamentando el verse excluido del comité organizador. La carta, bastante larga, exponía una serie de razones por las que consideraba debería figurar en el mismo. Todos los firmantes de la primera circular lo reconocimos así. Se trataba de un olvido involuntario motivado tal vez por la premura en poner en marcha la idea inicial. Subsanado este se constituyó la sociedad. El acta fue firmada en Barcelona el día 1 de abril de 1948, dice así: «El día 1 de Abril de 1948 tuvo lugar en Barcelona la primera reunión de la SLEN en el local de la Casa del Médico y con la asistencia de los siguientes especialistas que habían acudido al llamamiento de la comisión organizadora: profesor P. Almeida Lima, Prof. J.J. Barcia Goyanes, Dr. M. Bordes Valls, Dr. E. Díaz Gómez, Dr. M. Gallego, Dr. J. Gama Imaginario, Dr. A. Ley Gracia, Dr. E. Ley Gracia, Dr. S. Obrador Alcalde, Dr. A. Pinto, Dr. J. Pons Tordera, Dr. A. Rodríguez Arias, Dr. J.G. Sancho Ripoll, Dr. V. San Sebastián, Dr. E. Tolosa Colomer, Dr. P. Urquiza y Dr. A. Vasconcellos Marques».

Poco hay que añadir a lo que está escrito en la página web de la sociedad19. Hay que añadir que la nuestra fue una de las primeras sociedades de neurocirugía de Europa. Finalmente, me limitaré a 3 pequeñas aportaciones, 2 de ellas referidas por el propio Prof. Barcia:

Dice así la primera:

«El Dr. Egas Moniz fue elegido Presidente Honorario, lo que fue un acierto indiscutible, pero no lo fue menor el del primer presidente efectivo (Almeida Lima). Su nombre va unido a dos de los adelantos más importantes de la Neurocirugía: la arteriografía encefálica y la leucotomía. Y pienso –sigue el Prof. Barcia– que ha sido una injusticia el que no se le haya asociado a Egas Moniz en la concesión del Premio Nobel con que este fue merecidamente honrado. Si la idea de ambos procederes fue del gran neurólogo portugués, su realización es obra de su compatriota. Al realizarlas, no puso en acción únicamente su habilidad quirúrgica, sino que aceptó la enorme responsabilidad de realizarlos por vez primera en seres humanos. De haber fracasado es seguro que hubieran caído sobre el las más duras críticas.»

La segunda es un íntimo homenaje al hombre que fue secretario perpetuo de la Sociedad y que, por ello, paradójicamente, nunca fue su Presidente: Sixto Obrador. De él dice: «Y es obligado rendir un tributo a quien, como él, desde el año 1947 hasta su muerte fue alma de todo el movimiento neuroquirúrgico de nuestra patria, y eficaz enlace del mismo con las sociedades extranjeras de la especialidad»4.

Concluyó con 2 pequeñas enmiendas a la citada página electrónica19. En la línea trigésima se menciona al Dr. Millatti, donde debe decir Milletti. En la cuadragésimo sexta, y seguramente a causa de las meigas, aparece Barcia Gollanes, cuando hasta entonces se ha escrito varias veces correctamente Goyanes. Deben corregirse.

La Sociedad de Neurocirugía de Levante

Se fundó esta Sociedad el 25 de junio de 1976 en Alicante por un grupo de neurocirujanos de Valencia, Murcia y Alicante, únicas ciudades donde existían en aquel tiempo servicios de neurocirugía. Fue creada bajo los auspicios de la entonces llamada SLEN, ahora SENEC, con la presencia y el apoyo de su secretario general, el Prof. Sixto Obrador Alcalde, y apadrinada por el Prof. Barcia Goyanes que fueron nombrados miembro fundador honorario y presidente de honor, respectivamente. Nació, por tanto, como una sociedad hija de la Sociedad Española, pero de carácter autonómico, libre e independiente; por cierto la primera sociedad autonómica de España y que ha cumplido ya 35 años de existencia habiendo celebrado más de 20 congresos.

En la pasada asamblea general de nuestra sociedad, celebrada en Valencia en 2002, el nombre ha sido completado con el añadido de «de las comunidades de Valencia y de Murcia».

La Escuela de Barcia Goyanes

El concepto de escuela se ha ido desvaneciendo a lo largo de los años y de la evolución de las especialidades médicas, pero aún más de las quirúrgicas.

Cuatro, creo, que son las razones de ello: la desaparición de las grandes figuras de la medicina; la fragmentación de los conocimientos aun dentro de la misma especialidad; la forma en que se realiza actualmente la formación de los especialistas, y, finalmente, la globalización de los conocimientos tanto a través de los medios de comunicación como por la facilidad de desplazamiento a cualquier lugar del mundo para la formación continuada.

En el caso de Barcia Goyanes el concepto de escuela tampoco ha sido demasiado específico. Él mismo comienza por decir, en una de sus obras poéticas, «Me llamaron Maestro; nunca por tal me tuve»20, y, además, sus diversas facetas del saber hicieron difícil la dedicación y calificación de una única escuela. Por eso a continuación expongo una lista de las personas, aparte de algunas ya citadas, que recibieron de él su fértil influjo de forma directa, ya sea en la neurocirugía como en otras ramas del saber.

Anatomistas: L. Zunzunegui Freire, C. Recio Amat que fue además neurólogo; L. Jiménez-González; J. Moncayo Marqués; R. Calabuig Campos, también neurólogo; J. García-Sebastiá, que fue cirujano; F. Prosper Bru, que se dedicó a la urología, F. Pallardó Salcedo, también fisiólogo y psiquiatra.

Neuropsiquiatras: A. Llorens García, J.M. Vazquez Mazón, A. Alfaro Giner, V. López Rosat, J. Galdámez, J. Roselló Sastre, J. Plasencia Llopis.

Neurocirujanos: J. Cabanes Pecourt, R. Giner Martí, R. Alcaraz Hurtado, M. Aso Carranza, E. Gabás Vilella, Hassan Katramiz, J.M. Gallego.

Psiquiatras: E. Amat Aguirre, J. Sempere Leonarte, J.M. Morales Meseguer, V. Monleón Monzonís.

Oftalmólogos: J.L. González Tomás, D. Pita Salorio, S. Rahhal.

Lista que sin duda está incompleta, pues está la de los numerosos discípulos, doctorandos, académicos.

Finalizamos este artículo con sus propias palabras:

¿Y piensas, pobre viejo, que alguien querrá escucharte?

—No lo sé, cual no lo sabe, al soltar sus vilanos

el árbol, hacia donde volarán con el viento.

Mas caerá acaso alguno sobre la blanda tierra

y la lluvia y el sol harán se trueque en árbol.—

(J.J. Barcia Goyanes, 1996)20

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses, ni haber sido subvencionados para la confección de este trabajo, que no ha sido remitido a ninguna otra revista.

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[19]
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[20]
J.J. Barcia Goyanes
Como el Eco
Edición privada, (1996)

Conferencia pronunciada en la sesión plenaria del XIII Congreso Nacional de de la S.E.N.E.C. Valencia. Mayo de 2008.

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